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LA ESPIRITUALIDAD DE LOS SANTUARIOS MARIANOS. LUGARES DE ENCUENTRO CON DIOS Y LA VIDA.

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JORGE LUIS ORTIZ RIVERA

AGOSTO, 2021

Varias de las señales propuestas por la sagrada escritura como signo que ha llegado el Reino de los Dios a los hombres tienen que ver con la salud.[1] En efecto, cuando el ser humano se siente debilitado en sus fuerzas y amenazada su vida por la enfermedad instintivamente recurre a aquel que lo creó para pedirle la salud. El mensaje cristiano es de liberación del pecado; pero también de sus consecuencias, como son la muerte y la enfermedad. Por eso, no es de extrañar que los lugares que son considerados como santos – de ahí el nombre de santuario – tengan referencia a este anhelo del ser humano por recobrar la salud. Cuando más vulnerable es uno más siente la necesidad de acercarse a la salud que otorga Dios.

Por supuesto, todo aquello que nos encamina al encuentro con Dios comparte de una u otra manera esta relación con la sanidad, ya sea del cuerpo del alma. Así se encuentran lugares, dispersos por todo el mundo, en donde La Virgen María o los Santos son invocados con fe, en tanto que son miembros de la Iglesia con los cuales se comparte la comunión de gracia, para impetrar de Dios el poder recuperar la salud. Muestra de ello es esa mente el santuario de Nuestra Señora de Guadalupe en Ciudad de México. La basílica se encuentra siempre pletórica de personas que, entre otras cosas, buscan consuelo en su enfermedad y la salud para esta situación.

Es precisamente en el contexto de la angustia por una enfermedad que se realiza la aparición de nuestra señora de Guadalupe. el tío Juan Bernardino estaba enfermo y ante la urgencia de conseguir auxilio para él nuestra señora expresa la que puede ser la más significativa frase dicha en medio de estas apariciones: “no temas esta enfermedad, ni en ningún modo a enfermedad otra alguna o dolor entristecedor. ¿Acaso no estoy yo aquí, yo que tengo el honor de ser tu madre? ¿Acaso no estás bajo mi sombra, bajo mi amparo? ¿Acaso no soy yo la fuente de tu alegría? ¿Qué no estás en mi regazo, en el cruce de mis brazos? ¿Por ventura aun tienes necesidad de cosa otra alguna?”

La esencia de este mensaje se repite a través de todas las apariciones en los diferentes santuarios alrededor del mundo, se trata de una petición de humildad de confianza, de fe. Compárese, por ejemplo, lo que sucede en la aparición de Lourdes en Francia y la de la Virgen de Guadalupe en México. En ambos casos los videntes deben dejar de lado las seguridades personales para demostrar la completa dependencia y confianza en Dios.

En el caso de Juan Diego, se trata de dejar en las manos de Dios, por medio de María, el cuidado y la atención del tío enfermo y de dedicarse de lleno a la obra a la cual se ha sido llamado. Por su parte, el caso de Bernardette en Lourdes implica  dejar de lado la autoestima y el orgullo personal, porque, tal como cuenta la historia, el manantial que después ha servido como signo de la acción de Dios a través de los enfermos que acuden a él, se hubo de buscar de una manera en la cual, a los que los miraban, parecería que se hubiera vuelto loca, pues, Bernardette  tuvo que buscarla con el rostro en el fango y comer hierba. Ello era ridículo, pero se debe de reconocer que esta obediencia a las indicaciones de la Virgen María en ambos videntes, trajo como fruto para sus coetáneos y personas en el futuro un lugar para pedir la salud.

Ahora bien, el hecho de pedir por la salud, tan necesaria para la vida corporal no debe hacernos olvidar que tanto en el mensaje de Jesús. como en el de las apariciones de María, lo importante es la trascendencia de la propia vida humana que apunta necesariamente a un recordatorio de la existencia e importancia de la vida espiritual. De esta manera, nos encontramos con una doble dimensión que supone la espiritualidad que contempla a María presente al lado de los enfermos: la salud supone, al mismo tiempo, una connotación natural, la vida del cuerpo es importante; pero también una connotación que señala la vida del espíritu, de ahí el sentido de las peticiones de conversión y la penitencia que acompañan las apariciones marianas.

No se trata solamente de una especie de contrato en el cual yo me comprometo de alguna manera a través de la confesión y penitencia para recibir el don de la salud.  Recuérdese siempre que Él nos amó primero, aún antes de que nosotros pudiésemos abogar algo a nuestro favor. Toda gracia de Dios es siempre gratuita. Pero es que, en la vivencia de un espíritu de conversión y penitencia, el enfermo se prepara, junto con sus familiares y amigos, para asumir esta realidad humana, le sufrimiento, como una especie de apostolado que se une directamente con la vivencia de la cruz por parte de Jesús. Los santuarios marianos, en donde se pide con frecuencia por la salud de nuestros enfermos, nos recuerdan que al pie de la cruz estuvo también María acompañando a su Hijo.

Algunas veces el milagro será patentemente una acción divina – y de eso hay recuento de hechos – sin embargo, habrá de recordarse siempre que también está presente milagro de aquel que, junto a un hermano enfermo, “ayudan a llevar la camilla y a quitar el techo”[2] como en el Evangelio, los que acompañan en el camino y en la peregrinación, los que asisten en lugar de aquel que no puede ir, los que se quedan cuidando en casa al enfermo y, de esta manera, se va creando el milagro de la solidaridad humana.

Esto es lo que señala, en esencia, el papa Francisco en fiesta de Lourdes: “Por intercesión de #NuestraSeñoradeLourdes, patrona de los enfermos, pidamos al Señor que conceda la salud de alma y cuerpo a cuantos sufren a causa de alguna enfermedad y de la actual pandemia, y que fortalezca a quienes los asisten y acompañan en este tiempo de prueba”, señalaba en su cuenta de Twitter.[3].


[1] Lc. 7,27

[2] Lc.. 5,19

[3] @Pontifex_es, 11 febrero 2021, 5:30 A.M.